Santiago Maldonado, ¿un salvavidas para Cristina Kirchner?

Política 03 de septiembre de 2017 Por
Fernández de Kirchner creyó encontrar en Santiago Maldonado el salvavidas que le permita flotar frente a la crecida de la marea electoral.
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Fernández de Kirchner creyó encontrar en Santiago Maldonado el salvavidas que le permita flotar frente a la crecida de la marea electoral. Su magra ventaja del 0,2% en las primarias bonaerenses, lejos de constituir un paso triunfal, es equiparable al paradójico éxito de Carlos Menem por dos puntos sobre Néstor Kirchner en los comicios de 2003, que terminaron eyectándolo de la carrera presidencial. Los 20.324 votos con los que la ex presidenta y Jorge Taiana aventajaron a Esteban Bullrich y Gladys González apenas entran en la modesta cancha de Arsenal de Sarandí y distan de convertir en favorito para octubre al kirchnerismo.

La ex mandataria no dudó en aprovecharse de la desaparición de Maldonado, sobre la cual no debería desecharse ninguna hipótesis, para introducir de lleno el tema en la campaña electoral, a costa de banalizarlo. Cansada de ser identificada como "el pasado" por el oficialismo, sacó a relucir su viejo relato que muestra a Mauricio Macri como una reminiscencia de la dictadura militar. El eje discursivo de su reciente acto de relanzamiento, en La Plata, apunta a persuadir a los argentinos de que el actual gobierno nacional pretende someter al pueblo a un "feroz ajuste neoliberal" que sólo puede cerrar con represión y con "detenidos-desaparecidos". Uno de sus nuevos voceros, el ex dirigente radical Leopoldo Moreau, aportó un significativo ingrediente a este relato: "El neoliberalismo no es sólo una receta económica, es también cultural y política. Quieren cambiar esta sociedad y necesitan arrasar con las instituciones y el movimiento obrero, para desembocar en un Estado de excepción, policial". Como corolario de su stand up, Cristina Kirchner recurrió a una cínica extravagancia: "Hay que ponerle un límite a la obscena concentración del poder". Justo ella, que intentó someter al Poder Judicial a sus designios. También se refirió a los peligros del "mareo del poder". ¿Hablaría por experiencia propia?

La novedad que trajo consigo Cristina Kirchner es que, mientras en los trágicos años 70 los grupos contestatarios levantaban las banderas de un orden revolucionario frente a las democracias fallidas, ahora su discurso levanta supuestas banderas de la democracia para combatir a la propia democracia. El camino hacia octubre apunta, según la dialéctica kirchnerista, a "salvar al Estado de Derecho", que la propia ex presidenta puso contra las cuerdas durante su gestión.

Un año atrás, el ex líder de la violenta agrupación Quebracho Fernando Esteche, aliado al cristinismo, confesó públicamente: "El Gobierno va hacia una crisis segura que ayudaremos a desatar. Se va a caer y ayudaremos a que se caiga". Lo escoltaba, sonriente, el ex vicepresidente Amado Boudou. Dado que no se profundizaron las consecuencias de la crisis económica que se arrastra desde la gestión kirchnerista, la nueva estrategia de Cristina es atacar al Gobierno por el lado de la supuesta violación de los derechos humanos. El discurso de la ex presidenta ya ni siquiera contempla la hipótesis de un exceso por parte de algunos efectivos de la Gendarmería Nacional contra Maldonado, del que hasta ahora tampoco habría pruebas. Su teoría lisa y llana es la existencia de un plan de represión de las protestas de grupos sociales. La inadmisible comparación del gobierno actual con el último régimen militar mereció el rechazo de una auténtica defensora de los derechos humanos de todos y no sólo de algunos, como Graciela Fernández Meijide.